El día antes del viaje a Ronda estaba super nerviosa y no podía ni dormir aunque al final lo conseguí.
Por la mañana, me despertó mi madre pero tenía tanto sueño que me quedé dormida otra vez, pero menos mal que mis amigas me despertaron mandandome un mensaje al móvil que ponía:
- ¡VENGA DESPIERTA QUE LLEGAS TARDE!
Bueno pues me levanté y preparé la mochila para el viaje, pero hubo un problema y es que se me olvidó coger los bocadillos y cuando ya mi padre había arrancado el coche y había llegado ya a la puerta del colegio, nos tuvimos que volver a por mis pedazos de bocadillos de tortilla y jamón que por cierto estaban riquísimos. Cuando llegué ya por fin al colegio vi que estaba allí Gabriella y me fui corriendo a preguntarle que como se lo había pasado en el viaje a Estados Unidos.Bueno continuo, nos montamos en el autobús que por cierto yo me sente con María Jose Castro. Lo pasamos muy bien en el autobús cantando, escuchando música, hablando...y cuando nos dimos cuenta... ¡ya habíamos llegado! Todos muy contentos nos bajamos del autobús y nos dirigimos a un pequeño museo que no me gustó mucho porque olía a perros muertos, es decir, fatal pero por lo demás todo bien. Más tarde nos fuimos a otro museo pero este sí me gusto bastante porque había además cosas antiguas como murrallas, hombres de la Prehistoria... ¡jardines muy bonitos! Nos pegamos una harta de hacer fotos en ese museo porque nos encantó a todos. Luego, nos comimos todos nuestro sabroso bocadillo y que como dije antes el mío era de jamón y estaba buenísimo. Más tarde, cuando terminamos de comer, los maestros, Don Tomás y Don Rafael nos dejaron que fuéramos a dar un paseo y todos fuimos.
Dimos muchos paseos por las calles de Ronda y cuando nos cansamos un poco de ver tantas calles y tiendas nos dirigimos a un gran parque lleno de árboles y plantas preciosas. Cuando hicimos muchas fotos en el parque nos dimos cuenta de que había un pequeño estanque en el que había gansos y todos acudimos corriendo a echarnos fotos con ellos. Allí también había unos balcones con unas grandes alturas, tan grandes que si te tirabas de allí te matabas. Mi amigo Miguel Ángel cogió un palomo y lo tiró del balcón, menos mal que es un ave y puede volar porque sino se mataría, bueno cambio de tema porque no me gusta hablar de muerte. Por último, nos encontramos a dos niños de los que nos hicimos amigos y nos quedamos un rato a hablar con ellos, pero empezó a llover y nos tuvimos que volver a Chipiona.
Al cabo de media hora ya montados en el autobús ya empezé a aburrirme un poco porque todo el mundo estaba agotado y había mucha tranquilidad. Llegamos todos a Chipiona muy contentos aunque agotados pero...¡SANOS Y SALVO!
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